La psicología de los pensamientos positivos: por qué funcionan
- Catalina Gironza

- 26 ene
- 1 Min. de lectura
Pensar en positivo no significa fingir que todo está bien; es cambiar el filtro mental con el que interpretas lo que pasa a tu alrededor. Nuestro cerebro tiende hacia lo negativo por algo llamado sesgo de negatividad, lo que significa que presta más atención a las amenazas que a las cosas buenas. Por eso un comentario grosero puede arruinarte el día aunque un montón de gente te haya animado. Practicar pensamientos positivos no es ser ingenuo; es equilibrar la configuración natural de tu mente.
A esto se le llama reencuadre cognitivo, y te ayuda a cuestionar los pensamientos automáticos que bajan tu ánimo. Reencuadrar no borra el estrés, pero sí reduce la reactividad emocional y te permite ver posibilidades en vez de catástrofes. Con el tiempo, estos pequeños cambios hacen que los pensamientos más amables sean más accesibles.
No necesitas afirmaciones enormes; los micro‑cambios cuentan. Notar un logro, darte crédito o elegir un pensamiento más equilibrado ayuda a que tu mente se sienta más segura. Pensar en positivo no es positividad tóxica; es estrategia emocional. Y cuando aprendes a usarla, tu mente se vuelve un lugar mucho más amable.
.png)
Comentarios